Cañas al Viento

Traducción del italiano de Helena Aguilà Ruzola

presentacion canas 04

Las damas Pintor, descendientes de una noble familia sarda caída en desgracia, subsisten gracias al trabajo de su criado Efix, que mantiene viva la dignidad de la familia a costa de esfuerzos ímprobos. Anquilosadas en el pasado, las tres hermanas permanecen encerradas en sí mismas: Ruth y Ester, resignadas en un melancólico limbo de recuerdos y antiguas tradiciones, y Noemi, todavía llena de sangre joven y rebelde, pero recluida en una desdeñosa soledad.

Con la llegada imprevista de su sobrino Giacinto, el disoluto y despreocupado hijo de la hermana menor ―Lia, que años trás dejó Cerdeña para huir al continente y librarse de la asfixiante figura paterna―, en la vieja casa familiar irrumpirán una miríada de recuerdos, rencores, pasiones y esperanzas olvidadas. Asimismo, Efix, guardián de un secreto inconfesable, buscará redimirse de una falta que lo llevará al borde de la locura y la muerte.

Sobre toda la literatura de Grazia Deledda planea el pecado como una fuerza destructiva e inexorable que conduce al ser humano a su propia disolución. Esta visión se concentra y sublima en esta novela, cuyos personajes están a merced de la fortuna como «cañas al viento». El destino y el pecado fusionan hasta tal punto el mundo interior y exterior, la subjetividad y el paisaje, que la tragedia de la familia Pintor se convierte en una emanación de la tradición sarda proyectada en su dimensión mítica. 

Clásicos modernos

Rústica con solapas

Formato: 14,5 x 21,5

Número de páginas: 224

Precio: 19,24 €

ISBN: 978-84-19930-01-9

Peso: 380 gramos

«La luna ascendía delante de él, y las voces del anochecer le advertían de que su jornada había terminado. Era el grito cadencioso del cuco, el chillido de los grillos precoces, el gemido de algún pájaro; era el suspiro de las cañas y la voz cada vez más clara del río; y sobre todo era un soplo, un jadeo misterioso que parecía salir de la misma tierra. Sí, la jornada del hombre trabajador había terminado, y ahora empezaba la vida de fantasía de los duendes, las hadas y los espíritus errantes. Los fantasmas de los antiguos barones bajaban de las ruinas del castillo situado sobre el pueblo de Galte, arriba, en el horizonte, a la izquierda de Efix, y recorrían las orillas del río a la caza de jabalíes y zorros; sus armas relucían entre los alisos bajos de la ribera, y el ladrido tenue de los perros a lo lejos indicaba cuándo pasaban».